Foto tomada por Diego Fernando
El Eje Cafetero
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Por Alberto Beltrán

Si eres un amante del café, de los paisajes extraordinarios, de los pueblos colombianos con encanto y de la buena gastronomía, el Eje Cafetero es la unión de todo ello en uno. Esta región es rica y variada, en la que podemos hacer todo tipo de actividades, como por ejemplo: Callejear por las calles de Salento, que recuerdan a las descritas en Macondo por Gabriel García Márquez, sus casas bajas, de paredes blancas y maderas de colores que le dan un aire vivo o sus habitantes tranquilos y parsimoniosos que hacen respirar un aura de relajación único. También es muy recomendable recorrer las rutas ya sea a pie o a caballo a través del Valle de Cocora, rodeado de verdes montañas y enormes palmeras, con su pequeña cabaña de los Colibríes. Pero sobre todo, lo que no se puede dejar de lado, es visitar las innumerables haciendas de Café que se encuentran dispersas por toda la región. 

El Eje Cafetero, es una extensa región localizada en los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, además el noroeste de Tolima, el suroeste de Antioquia y parte del Valle del Cauca. Fue declarado Patrimonio de la humanidad en el año 2011 por su importancia cultural y sobre todo, por su incomparable e increíble paisaje, también llamado “Paisaje Cultural Cafetero”. 

Aunque son muchas las poblaciones que merece la pena visitar, las principales son Manizales, Pereira y Armenia. En la primera, Manizales, la conexión con la naturaleza es primordial. Tiene un Parque Observatorio donde se puede contemplar el firmamento con su telescopio o sencillamente poder, avistar 10 municipios del eje cafetero. También es muy conocida por su arte y arquitectura. En toda la zona podemos tomar una vandeja paisa (comida hipercalórica tradicional de los mineros que solo hacían una comida al día) o la trucha. 

De todos los núcleos, si uno cabe destacar, es Salento. Aunque no es de los más poblados, es la joya de la corona en lo que respecta al café, los paisajes y al turismo. Si subimos hasta el Mirador Alto de la Cruz, podemos disfrutar de unas vistas increíbles, con todos los valles y bosques de alrededor. Desde allí, nos podemos desplazar en uno de sus tradicionales “Willys”, que son unos Jeeps antiguos, de principios de S. XX que se usan para llevar a la gente a modo de transporte público. 

Foto de Alberto Beltrán

En uno de esos Willys podemos atravesar los frondosos bosques hasta llegar a una preciosa hacienda de colores blancos y rojos, situada en una pequeña cima desde la que se pueden ver las verdes montañas y valles. Allí, es posible realizar un recorrido por las plantaciones de café e incluso recoger en una cesta al modo más tradicional las “cerezas” (cápsulas rojas en donde se encuentra el grano de café). 

En esa zona, al igual que en otras muchas, las plantas de café se plantan junto a árboles frutales de papayas o mangos, para poder dar sombra a las plantas y para que tarden más en crecer y en dar fruto. La razón, es que a mayor tiempo para dar fruto, el café puede absorber más nutrientes. Además, las frutas de los árboles se dejan como sustrato para las plantas, repercutiendo a su vez en la calidad del café, que tiene un sabor afrutado extraordinario. 

Una vez recogido, se puede dejar dentro de la cereza y secar directamente o bien, separar los granos de café (llamado proceso de “trilla”) del “pergamino” que es la cubierta. Cada cereza tiene 2 granos en su interior. Allí el trillado se puede incluso hacer del modo tradicional mediante una máquina manual que funciona a manivela. Una vez separado, están cubiertos de una capa viscosa llamada “mucilago”, que debe ser lavada. Luego se extienden los granos en una especie de pequeño invernadero llamado “marquesina” para su secado. Ya secados, pasan a tostarse. En esa hacienda, usaban el propio “pergamino” del café que quedaba como hoja seca, para usar de combustible para la tostadora. 

El tostado es clave en todo el proceso, y también marca la diferencia con la calidad del café. Cuando nos llega café muy tostado y negro, es indicador de que el café es de calidad baja. Se tuesta mucho para tapar la acidez, sin embargo, si la calidad es buena, se tuesta poco, y queda con un color castaño. Al ser poco tostado, en el centro permanece una línea con un tacto de hoja seca con un color dorado muy característico, de ahi su nombre “golden” o dorada, siendo de una calidad extraordinaria. 

Ya tostado, pasa a ser triturado y preparado para consumir. Usan un filtro que parece una tela de saco fina y echando poco a poco el agua hirviendo para que absorba los nutrientes. La taza ya debe estar caliente para que no haya contraste térmico. Se sirve sin leche ni azúcar, para poder apreciar bien la calidad, que en definitiva, hay pocas palabras para explicarla. Probablemente el mejor café del mundo, con un sabor excelente e insuperable. 

Finca El Ocaso, Salento. Foto de Alberto Beltrán.